Cosas que aprendí del campo

Ahora que retomo la rutina de escribir, puedo contar que han sido varios los motivos que me han mantenido alejada del blog. Entre otros una cirugía con su correspondiente recuperación, afortunadamente ya estoy al 100%, también me he tomado un tiempo para pensar y he estado bastante ocupada con algunos proyectos nuevos. De momento, sigo sin un trabajo estable, pero tengo muchos proyectos e ideas en mente.

El caso es que por las circunstancias, me he acercado al mundo del campo mucho y he tenido la posibilidad de sembrar mis propias semillas, de cultivar la tierra, de estar en contacto con la naturaleza mano a mano.

Aquí os dejo la primera foto de un triunfo, los primeros brotes, aunque ahora estén mucho más grandes, simboliza mucho este momento:

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Este momento simboliza el inicio de una etapa de aprendizaje sin fin. El hecho es que el campo enseña muchas cosas y lo tenemos tan olvidado que nos hemos dedicado a aprender esas cosas en libros, cursos, seminarios, webminarios, etc.

¿Por qué no nos acercamos de nuevo a los orígenes y aprendemos todo lo que nos puede ofrecer?

Aquí os dejo el capítulo uno de “Cosas que aprendí en el campo”:

 

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Me acerqué al campo por casualidad, el terreno no es tan siquiera mío y, por el momento, no pretendo sacar rentabilidad a los cultivos.

Me acerqué al campo por curiosidad y encontré muchas dificultades: desconocimiento absoluto, fuerza física, plazos, técnica, tiempo… Pero gracias a la curiosidad encontré la motivación.

Gracias a la curiosidad encontré un mundo de oportunidades inmenso, a la par que un mundo de sabiduría entre aquellos que me rodeaban que alguna vez habían trabajado el campo.

Encontré pasión por la tierra y por el producto, pasión por el trabajo bien hecho. También encontré resistencia ante las adversidades, porque de una semilla que germina hay cientos que no lo hacen, otras que se comen los lagartos (ay, esa relación de amor odio con esas criaturillas), otras que perecen ante el sol. Pero, ante todo, hay que resistir y seguir intentándolo, porque alguna “pega” como dicen por mi tierra, alguna germina, alguna da fruto, alguna da resultado. Sobre todo si la mimas, si la cuidas y pones pasión.

Transformar un campo yermo en algo un poco más verde, aunque sea un poco, es transformar una dificultad en una oportunidad. Y si hay que empezar por plantar judías porque nitrogenan la tierra, pues empecemos por ahí. El aprendizaje no sobra, el tiempo invertido no se pierde.

Transformar algo muy difícil en una oportunidad, es motivación, es aprendizaje y es un gran reto. Es uno de los motores de cualquier proyecto, lo podemos aprender de un entrenador personal, de un libro de motivación, de un amigo, o lo podemos aprender del campo.

20170717 Campo presente.png

Si habéis leído alguna entrada anterior de este blog, sabréis que el mindfulness es una técnica de meditación que recomiendo bastante. Estar en el momento presente, favorecer la concentración es uno de los objetivos que persigo día a día tanto en mi lado profesional como en el personal.

Las técnicas formales de meditación son geniales para practicar, pero hay otro tipo de técnicas que me gustan aún más, las informales. Suponen aplicar las técnicas de meditación a la vida diaria, a la labor que estés haciendo en un momento determinado. El campo no da tregua a no estar en el momento presente, por eso lo he tomado como un ejercicio de mindfulness informal.

Estar presente a lo que estás haciendo para no pincharte con un cardo, para no quitar la hierba equivocada, para no podar lo que no corresponde, para no abrasarte la piel con el sol. Escuchar lo que te pide el campo, mindfulness informal en toda regla, favorecer la concentración y reducir el estrés.

¿Será por eso que siempre se ha hablado tan bien de la vida en el campo?

*Quiero puntualizar aquí que es admirable la fortaleza de quien cultiva el campo, la dedicación de las horas, la resistencia y el aguante a las condiciones no tiene ni punto de comparación con una oficina con aire acondicionado en agosto. ¿Sufrimos de más estrés? Probablemente, pero también probablemente haya algo mal planteado en el modelo de trabajo que tenemos actualmente.

20170717 Campo recursos

Pocas son las veces en nuestra vida en la que nos enfrentamos a una situación con recursos ilimitados, muchas veces en nuestros trabajos vemos como hay que ajustar al máximo los presupuestos, ni que hablar cuando estás desempleado…

Por eso, trabajar en el campo en esta situación me ha hecho ver todos los recursos que tengo a mi alcance y puedo aprovechar: reciclar, reutilizar, darle vida a objetos inútiles, aprovechar mis manos para dar vida a nuevos objetos; lejos de hacer pedidos online, comprar en grandes superficies. Dar valor con nuestras manos convierte las cosas en algo más valioso aún.

Incluso aprovechar para aprender de todos los que tengo a mi alrededor, cómo era el refrán que decía que “sabe más el diablo por viejo que por diablo”, pues a mí aún me queda para llegar a vieja, así que tendré que aprender del diablo.

20170717 Campo paciencia

La frase “era para ayer” no sirve en el campo, estamos mal acostumbrados a exigir tiempos inexistentes, a contar con plazos tan ajustados que no haya espacio en nuestras agendas. Pero al campo no le puedes pedir que te de frutos para ayer, ni el informe del riego para ya, al campo le tienes que dar tiempo.

Además, si quieres que un proyecto salga bien, hay que sembrar para recoger, regar cada día, abonar, tener paciencia, quitar las malas hierbas (que de eso ya hablaremos), hay que prestarle atención, pero hay que tener paciencia y mucha.

Porque no decidimos nosotros los plazos, bueno, en la mayoría de los casos, pero cuando se trata de siembra, poda, recogida, no podemos ser nosotros quien decidamos cuándo, sino hay que dejar los tiempo naturales. Y para que algo salga bien, hay que poner esfuerzo desde el día 0.

Para buscar trabajo tampoco decidimos nosotros los plazos, muchas veces, los procesos de selección son largos, más de lo deseado tanto para candidatos como para las empresas, pero hay que ser paciente y cultivar el campo desde el momento inicial, para poder recoger un buen fruto.

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Por más que quites la mala hierba, no te enfades con ella, forma parte del ciclo. La hay, siempre habrá más y cuando pienses que has terminado con ella, volverá a salir.

Como todo, como en las relaciones que hay que cuidarlas, hay que asumir que no todo va a ser perfecto y malos momentos vamos a tener. Mala hierba crecerá a nuestro alrededor, incluso, sin saberlo, a lo mejor somos la mala hierba de alguien. Pero es el ciclo de la vida: no hay mala hierba sin campo, ni campo sin mala hierba.

Asumir que forma parte del campo, nos hará tomarnos las cosas con más filosofía y relajación. Asumir, de antemano, que habrá obstáculos en el camino que tendremos que superar nos hará tener una posición ventajosa ante la situación.

 

20170717 Campo fin

Y hasta aquí, algunas de las cosas que aprendí del campo, seguro que aprenderé muchas más, quizás, en un futuro, tengamos una segunda entrega.

Me gustaría conocer vuestra opinión, si habéis aprendido algo de algún sector que no sea el vuestro, de alguna actividad completamente opuesta a la que os dediquéis habitualmente y creéis que podéis sacar provecho de esos aprendizajes para vuestra vida personal y profesional.

Yo en mi caso, totalmente, creo que puedo aplicar tanto a mi vida personal como profesional muchos de los aprendizajes. Seguiré aprendiendo del campo, de las gentes y de todos los retos nuevos.

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