Cómo NO superar una entrevista de trabajo

He leído tantos y tantos post, artículos, resúmenes y decálogos para superar una entrevista de trabajo, que hoy me gustaría hablar de algunas maneras para NO superar una entrevista de trabajo.

¿Pero, Patricia, te has vuelto loca? Si nosotros lo que queremos es superar la entrevista, realmente, lo que queremos es ese trabajo, para qué vamos a querer leer este post. Mejor me explico, porque de verdad que no me he vuelto loca.

Estoy cansada de leer artículos con recopilaciones de tips y consejos que no hacen más que generar nervios a los candidatos ante una entrevista de trabajo (que conste en acta que me incluyo entre los candidatos). Así que hoy he decidido, desde mi punto de vista, desmontar esos recopilatorios que dan consejos para superar entrevistas de trabajo.

En primer lugar, la obsesión por controlar el lenguaje no verbal.

Tantos consejos sobre “mantén la mirada”, “mantente firme”, “mantén una actitud positiva”, “controla tu lenguaje no verbal”, “no cruces los brazos en señal de rechazo”, “no sudes, no tosas, no pestañees, no te muestres agresivo, ni pasivo, ni blablabla”. Ufff, son tantas las recomendaciones sobre cómo comportarse ante una entrevista de trabajo, que simplemente de leerlo ya siento agobio.

Que si tengo que mantener la mirada, que si la fuerza con la que tengo que estrechar la mano, que si mi posición debe ser recta pero no estirada, hay una infinidad de consejos sobre cómo actuar en las entrevistas de trabajo.

Y digo yo ¿qué tal si somos naturales?

Si tratamos de ser naturales y educados, seguramente nos sentiremos cómodos y fluirán aspectos como la actitud positiva y los modales. Si me paso los minutos intentando controlar si he mirado bien, si estoy bien sentado, si me están mirando más o menos, quizás pareceré tenso y abrumado por la situación.

Si me paso la entrevista pensando en que me van a sudar las manos, probablemente, me sudarán. Sudar, es natural, es humano y como animales que somos en situaciones que nos ponen en alerta, sudaremos. Vamos a quitarlo de nuestra lista de tabús, sudaremos y nos sentiremos nerviosos, como es natural en una entrevista. Y ya está, no pasa nada más. Aceptando que estaremos algo más nerviosos de lo habitual y siendo educados como nos gustaría que fuesen con nosotros, podremos dar lo mejor de nosotros mismos.

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Está claro que deberé tratar a mi entrevistador con respeto, el máximo, tal y como lo haremos en nuestro día a día con todo el que nos rodea.

Otra cosa es el grado de formalidad con el que debemos hablar en la entrevista, pero eso no es algo que se deba estudiar, eso se da con la situación, nuestro interlocutor nos hará entender cómo quiere que le tratemos, para eso hay que estar atento y observar. Pero es igual que lo haríamos en otra situación cuando conocemos a alguien nuevo.

Por eso, esa obsesión por controlar el lenguaje no verbal, más que algo que nos deba preocupar, deberíamos dejarla como algo que sí que hay que prestar un pelín de atención, pero tampoco nos pasemos, seamos naturales y seguro que podremos mostrar mucho mejor todas nuestras cualidades.

En segundo lugar, quiero hablar los listados de preguntas y respuestas.

Ay, qué gran aliado para dormir tranquilo la noche anterior si nos las hemos estudiado todas y qué arma de doble filo.

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Allí estamos nosotros, cara a cara con el entrevistador, contentísimos por haber preparado todas las posibles preguntas que nos pueden hacer. Las hemos repasado todas la noche anterior: “las 100 preguntas que te ayudarán a superar una entrevista de trabajo”, y allí estamos con la seguridad de aprobar con sobresaliente y con el ansia de responder cual niño redicho a cada una de las preguntas aprendidas.

Allí estamos nosotros, un segundo después con la cara a cuadros y si ha habido suerte sin un cortocircuito neuronal, ante la primera pregunta que nos hacen: que no está entre las 100 primeras, que no aparece en ningún blog, ni en ninguna guía, que no nos la hemos estudiado.

No tienes la respuesta, ¿y qué más da? Vamos a una entrevista a hablar de lo que mejor conocemos en este mundo, de nosotros mismos ¿qué más da si la pregunta está en un manual? Seamos sensatos, se trata de una conversación para conocer si podríamos encajar en un puesto, no de un interrogatorio policial para detectar nuestra participación en un crimen.

Hay determinadas preguntas tipo que sabemos que nos harán, preparárselas nos dará un margen de maniobra y una tranquilidad para los que no está de más haber entrenado un poco. Ser sincero, hablar de lo que conocemos, de nuevo nos lleva a lo mismo del consejo para no superar una entrevista nº 1: la naturalidad.

Uno de mis preferidos, “deja los nervios fuera”.

Cuando estamos buscando trabajo y vamos a una entrevista en una nueva empresa, podemos tener diferentes motivaciones, no es únicamente el desempleo, puede ocurrir que por determinadas circunstancias personales necesites cambiar de empleo, o también profesionales.

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El caso es que estás tratando de conseguir tu objetivo, has puesto en ello esfuerzo y no quieres fallar. Hay quienes gracias a su filosofía de vida, son capaces de llegar a estas entrevistas con la tranquilidad de un monje tibetano. Si eres de ese grupo, quizás ya hayas dejado los nervios fuera, pero si no, haber leído consejos y enfrentarte a una entrevista aún te puede generar algo de nerviosismo.

Aceptar que vamos a estar nerviosos en ese momento puede ser una gran liberación, ello no quita a que todo lo que hagamos para mejorar nuestro estado de ánimo vaya a ayudar. [Aprovecho para dejaros dos artículos sobre la Atención Plena, una práctica que puede ayudar a reducir el estrés y favorece la concentración: ¿Estás aquí y ahora? La Atención Plena y La Atención Plena, recursos.]

Y resume este “no consejo” lo ya mencionado en el “no consejo nº 1” y el “no consejo nº2”. La naturalidad es un gran aliado en las entrevistas de trabajo, si somos capaces de aceptar con naturalidad que estaremos nerviosos, seguramente reduzcamos ese nerviosismo y si no, pues ya lo hemos asumido de antemano.

Para mí estos son los mejores consejos para NO superar una entrevista de trabajo, ser natural, mostrarse a sí mismo, aceptar los nervios. Todo ello no quita que preparemos la entrevista, que planchemos la camisa que nos vayamos a poner y nos aseemos; pero eso ya lo sabemos, no tiene que venir nadie a decírnoslo.

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